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Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad

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Insulares

 

A lo largo de todo el proceso de evolución, las barreras naturales —océanos, ríos, montañas y desiertos— han desempeñado el papel de factores limitantes de la distribución de las especies y los ecosistemas terrestres. Esto se hace evidente en el caso de la insularidad: las porcio­nes emergidas de las islas contienen los ecosistemas te­rrestres más aislados, por lo que en ellas ha evolucionado una biota única, en general aislada de la continental. El ser humano, en unos cuantos siglos, ha trasladado y dispersado gran cantidad de especies a través de todas las barreras geográficas mayores.

La globalización y el incremento en la eficacia del transporte —terrestre, aéreo y acuático— han propiciado la entrada masiva, intencional o accidental, de especies no nativas a los ecosistemas. No se pueden soslayar las vías de disper­sión natural, como el caso de los ríos, cuyo movimiento entre cuencas es libre, o las corrientes marinas que faci­litan el movimiento sin control de miles de especies, y la vía aérea para el caso de las aves.


Ecosistemas terrestres
Desde los inicios de la domesticación de especies, la hu­manidad ha acarreado flora y fauna doméstica en cada nueva colonización. Conforme las civilizaciones se disper­san, el número de especies exóticas introducidas crece. Las introducciones intencionales tienen que ver con pro­pósitos de aprovechamiento y ornamentales. Las acci­dentales incluyen semillas, insectos y roedores, transpor­tados con otros productos. A partir del siglo xvi, con el descubrimiento de América, la tasa de introducciones se disparó (Primack 2002). Las plantas introducidas que dan sustento, fibras, medicinas, albergue y solaz a la hu­manidad son proporcionalmente pocas, sin embargo, han sido introducidas en casi todas las regiones del planeta (Pimentel 2002). Vertebrados pequeños y grandes fueron transportados en barcos con diversos propósitos, desde asegurar carne fresca a los navegantes en tránsito hasta intentos por abastecer la industria textil y otras. Los bar­cos fueron y siguen siendo una de las principales vías de introducción no intencional (O’Connor y Eason 2000). La “aclimatación de las sociedades” en el siglo xix pasó por poblar América y Australia con plantas, aves y mamí­feros europeos (Enserink 1999). De esta manera, la ma­yoría de las especies exóticas de mamíferos arribaron en el periodo posterior a la colonización europea (Shine et al. 2000; Blackburn et al. 2004).


Ecosistemas insulares

Los ecosistemas insulares son de importancia crítica para la biodiversidad del planeta. Representan no más de 3% de la superficie terrestre, pero albergan de 15 a 20 por ciento del total de plantas, reptiles y aves. Las más de 500 islas principales e islotes de México son el hogar de más de 200 vertebrados endémicos y 110 plantas endémicas. Constituyen el área de reproducción de tortugas, aves y mamíferos marinos. Además, las aguas adyacentes a las islas son también ricas en cuanto a productividad biológica, y de gran valor económico y social para el país.

En general, se cree que en los últimos 400 años entre 50 y 75 por ciento de las extinciones en el planeta se ha dado en islas. En el caso de las aves, se estima que 85% de las extinciones en tiempos históricos ha ocurrido en islas. Entre los mamíferos esta cifra es de 58% y en moluscos terrestres de 80%. En México, los mamíferos exóticos, especialmente gatos, ratas y cabras, han causado directa e indirectamente la extinción de decenas de especies de flora y fauna insular, así como la extirpación de numerosas colonias de aves marinas. Además de las 26 islas en las que ya se han erradicado especies exóticas, entre 2003 y 2006 se confirmó la presencia de al menos 16 especies de mamíferos exóticos en 27 islas del noroeste de México. De no actuar inmediatamente y con eficacia, las extinciones aumentarán pronto.


Ecosistemas acuáticos
La introducción de especies exóticas acuáticas ha sido identificada como uno de los riesgos ambientales más crí­ticos a los que actualmente se enfrentan las especies, los hábitats acuáticos y la biodiversidad en general (Hopkins 2001). Así, la introducción de especies exóticas ha estado asociada con la extinción en 54% de los casos de la fauna acuática nativa mundial (Harrison y Stiassny 1999), de 70% de los peces de Norteamérica (Lassuy 1995) y 60% de los peces mexicanos (Contreras-Balderas 1999).

Las poblaciones de especies exóticas pueden afectar a las especies nativas por medio de diferentes mecanismos, entre los cuales des­tacan: hibridación, competencia por alimento y espacio, depredación, transferencia de patógenos, alteración del hábitat de las especies nativas, desplazamiento de especies nativas, alteración de la estructura de los niveles tróficos, introducción de parásitos y enfermedades (Goldburg y Triplett 1997; Bhaskar y Pederson 2002).

Texto tomado de:

Aguirre Muñoz, A., R. Mendoza Alfaro et al. 2009. Especies exóticas invasoras: impactos sobre las poblaciones de flora y fauna, los procesos ecológicos y la economía, en Capital natural de México, vol. II: Estado de conservación y tendencias de cambio. Conabio, México, pp. 277-318.

 

 


Invasión de Mesembryanthemum crystallinum en Isla Guadalupe
Foto: Georgia Born-Schmidt


 

 


Invasión de Arundo en la
Reserva de la Biósfera de Sian Ka´an
Foto: Jesús Alarcón

 




El Kudzu (Pueraria montana var. lobata) es una planta trepadora que crece muy rápido cubriendo plantas nativas
Foto: Wikipedia

 




Lirio acuático (Eichhornia crassipes) en Xochimilco. Es una maleza acuática que cubre rápidamente superficies de cuerpos de agua
Foto: Miguel A. Sicilia

 

 
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