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Desde su origen la humanidad ha utilizado a la flora y la fauna de diversas maneras, como alimento, bebida, medicina, ropa, materiales de construcción y combustible. Asimismo, desde tiempos remotos el uso de la naturaleza ha tenido consecuencias positivas y negativas a diversas escalas.
El ser humano ha aprovechado la variabilidad genética para producir variedades de plantas y animales con características más apropiadas para su uso. Podemos identificar el maíz, chile, frijol, calabaza, al igual que las especies de animales domesticadas para carga, carne, y compañía. En la actualidad el conocimiento sobre el código genético nos ha permitido la creación de organismos genéticamente modificados (OGMs).
El uso de las especies silvestres ha resultado en modificaciones en su abundancia y distribución, al punto de que algunas han desaparecido. Muchas de las especies endémicas a islas fueron exterminadas directa o indirectamente por los colonizadores polinesios, como las gigantescas aves conocidas como moas (Dinornis robustus) de Nueva Zelandia. Por el contrario, otras especies invasoras se han favorecido y han aumentado su distribución y abundancia, como son las ratas negra (Rattus rattus) y gris (R. norvegicus) de Asia.
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