
El nopal ocupa un lugar preponderante en nuestra cultura, tanto por su gran presencia en la vegetación como por la cantidad de usos que se le ha dado. Los antiguos pobladores recolectaban las pencas por la facilidad con que se propagan, y los frutos para comerlos frescos o conservarlos secos. De esta manera, con el tiempo favorecieron ciertos nopales en su entorno natural y como parte importante de su alimentación. Al desarrollarse la agricultura e incrementarse el cultivo de las milpas, la vegetación natural comenzó a ser removida de manera selectiva, preservando sólo aquellas plantas silvestres que proporcionaban algún beneficio. Así, se favorecieron las variantes agradables o de mayor interés y utilidad de acuerdo con los criterios culturales de cada pueblo.
Donde las verduras son escasas, los nopalitos son un alimento central; se sirven preparados con carne de venado o guajolote. Las flores son guisadas en regias salsas y los xoconostles se comen crudos o cocinados. Con las tunas se elaboran jugos y dulces varios, además de una bebida fermentada llamada colonche o vino de tuna. El uso que antiguamente se daba a las pencas como alimento para guajolotes se hizo extensivo al ganado traído por los españoles, generando la aparición de potreros en donde se fomenta el crecimiento de nopales a los que, cuando el alimento escasea, se les queman las espinas para emplearlos como forraje. Actualmente algunos productos tradicionales cuentan con una amplia comercialización y se desarrollan innovaciones para responder a mercados en expansión.
|