

Los copales en México
El uso de la resina fue una práctica ampliamente difundida en el México prehispánico, como lo demuestran las impresionantes ofrendas de copal rescatadas del Cenote Sagrado de Chichen Itzá, antigua ciudad Maya en Yucatán, y de la laguna de la Luna, en el Nevado de Toluca en el Estado de México, así como las esculturas de esta resina encontradas en el Templo Mayor de Tenochtitlán en la ciudad de México.
Las cualidades de los copales fueron conocidas y aprovechadas ampliamente por las culturas prehispánicas para usos rituales, ceremoniales, festivos, terapéuticos, medicinales y como aglutinante. Su relevancia logró sobrevivir a la propia Inquisición, utilizándose hasta nuestros días entre numerosos pueblos indígenas y mestizos. Su vigorosa vigencia se refleja en el hecho de que cada lengua y variante que se habla en el país cuenta con una palabra para referirse al copal en alguna de sus formas: árbol, resina o humo, siendo copalli en náhuatl y poom en lenguas mayenses, las más representativas por su amplia distribución.
Los antiguos mexicanos consideraban al copal como un dios protector, lo llamaban ‘Iztacteteo’ que significa “dios blanco”, por el humo blanco que produce cuando se quema. En ofrendas Aztecas y Mayas se ha encontrado copal en forma de pequeñas tortillas o como tamales o granos de maíz, por lo que se piensa que el copal era considerado alimento para los dioses.
De las culturas prehispánicas heredamos objetos ceremoniales y rituales que son parte de nuestro patrimonio arqueológico.
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Bursera bipinnata
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Bursera citronella
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Bursera coyucensis
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Bursera glabrifolia
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